El presidente en funciones de la Mesa del Turismo, Carlos Garrido, ha puesto el dedo en la llaga: la propuesta de subir de 8 a 24 euros el recargo municipal a los cruceristas en tránsito en Barcelona es un error de manual. Según recoge Nexotur, Garrido advierte que una medida así «podría reducir seriamente la competitividad de Barcelona como uno de los principales puertos de cruceros del Mediterráneo».
Y lleva razón. No es que los cruceros no tengan un impacto, que lo tienen, pero subir la tasa un 200% de golpe no es gestión turística, es castigo fiscal. Mientras otros puertos mediterráneos se frotan las manos, Barcelona se pone una soga al cuello. La Mesa del Turismo hace bien en alzar la voz: esta tasa no solo penaliza al pasajero, ahuyenta escalas, inversión y empleo. Ojalá los ayuntamientos escuchen antes de firmar su propia ruina turística.
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